Thursday, August 10, 2017

De paso por la dietética

Con tantos productos y tanta publicidad, comprar alimentos saludables es cada vez más difícil. Más allá de las verduras y frutas, nos cuesta elegir con qué aceite, con qué especias, o con qué granos quedarnos. Nos acercamos al almacén y nos ofrecen cinco variedades de arroces distintos, paquetes de fideos con etiquetas como “artesanal” o “saludable”, galletitas “caseras” cuyos ingredientes desconocemos…

Finalmente, no compramos nada. O compramos algo y queda ahí en la alacena, esperando a que algún día sepamos cómo usarlo. O aún peor, invertimos dinero y tiempo eligiendo un alimento con “disfraz verde” que nos engaña, e ingerimos algo que no nos hace bien.

A continuación te quiero compartir algunos tips para afinar tu criterio, para que te resulte un poco más fácil elegir con qué productos alimentarte.

¡Atención!

  • Disfrazados. Mirá el dorso del paquete. ¿Qué ingredientes tiene? ¿Cuáles de esos ingredientes conocés? ¿Qué ingrediente aparece primero? El orden de los ingredientes indica la proporción: el primer ingrediente es el que está en mayor proporción en el producto. Algunas etiquetas como “saludable” o “natural” no tienen ningún tipo de reglamentación, por lo que pueden ser utilizadas por el márketing indiscriminadamente.
  • Infiltrados. ¿Querés ponerle salsa a los fideos? Algunos paquetes de puré de tomate tienen azúcar. ¿Querés un alfajor? Algunos alfajores tienen grasa vacuna. Pensá en función de lo que querés comer, qué ingredientes querés llevarte a la boca y cuales… ¡en todo caso los dejamos para otro momento!
  • Aceites. Lo más importante de las grasas saludables es que las más duras (el aceite de coco, por ejemplo) son más estables, por lo que resisten mayores temperaturas que otras como el aceite de oliva o girasol. Por este motivo, si vas a cocinar es preferible hacerlo con aceite de coco, y en cambio, para comer crudo es ideal utilizar aceite de oliva o sésamo.
  • Granos y legumbres. Observá que sean frescos. Prestá atención al recambio de la mercadería, que no sean productos que permanecen estacionados mucho tiempo sino que, por el contrario, tengan buena salida y demanda. Si observás que se forma un polvito al fondo, prestá atención a que no haya bichitos en los granos.
  • Fideos, galletitas, panes. Trigo, trigo, y más trigo. La figurita repetida. Algunos de estos paquetes prometen ser “de avena”, “de centeno” o “de semillas”, cuando, en realidad, deberían anunciar “con avena”, “con centeno” o “con semillas”, ya que el porcentaje que contienen es muy bajo, en ocasiones menor al 5%. Sin embargo, sí existen productos que incorporan otros cereales distintos del trigo, como los fideos Soba de trigo sarraceno, las barras de semillas o las galletitas de Cachafaz “con avena”.
Entre las rarezas que más me gustan a mí están:

  • Sal marina, o sal del Himalaya. Se usan del mismo modo que la sal fina, nada más que los granitos son un poco más gruesos. Estas sales tienen mayor concentración de minerales que las sales comunes, que suelen ser puro sodio. De este modo, son más nutritivas para nuestro cuerpo. 
  • Cúrcuma. Es una especia color amarilla fuerte, que puede usarse incluso para “teñir” alimentos ya que tiene un poder colorante muy fuerte. Me gusta tomarla en té, con miel, jengibre y limón, y es mi remedio casero ante dolores de garganta o síntomas gripales. Agregás media cucharadita o menos al té, y vas probando hasta encontrar el punto que te guste más. 
  • Azúcar mascabo. El azúcar mascabo es uno de los primeros pasos del azúcar después de su extracción de la caña. Es más blanda, densa, y tiene un gusto maltoso. Si tomás café o mate dulce, es muy interesante endulzar con mascabo. Por otro lado, mi receta casera y original de fernet-no-coca consiste en hervir 5 rodajas de jengibre con 7 cucharadas soperas de azúcar mascabo, en dos vasos de agua… esperar a que se enfríe… y mezclarlo en partes iguales con Fernet Branca, agregar un poco de soda y, claro, algunos hielos. ¡Probalo! También podés endulzar té o café con arropes, como por ejemplo: arrope de chañar, arrope de tuna… 
  • Arroz basmati. Es un grano de arroz largo, fino, que parece el doble carolina pero es el arroz que más nutrientes tiene entre todos los arroces. Lo mejor es que se cocina en diez o quince minutos y se puede hacer al vapor o hervido. Queda buenísimo en sopas, o acompañando vegetales. Hasta hice arroz con leche usando este arroz…  Probá darles a tus hijos este arroz, y vas a estar dándoles un nutriente riquísimo, que aunque no estén acostumbrados difícilmente lo distingan del otro.
  • Lentejas turcas. Son las lentejas naranjas, esas que parece que las hubieran pelado, o ¿qué les pasó? Se cocinan rápidamente, no requieren todo el tiempo de remojo que requieren las lentejas comunes, y con ellas se pueden hacer guisos cremosos y riquísimos. Me acuerdo que en unas vacaciones en el sur, con poco tiempo y mucha hambre compramos unas para hacer un guiso “exprés”: cebollita y morrón dorados, lentejas, papas, batatas y portobellos. 
  • Hongos de Pino. No hay forma de que me crea que la soja texturizada es un ingrediente sano y natural. No se ve natural. No se ve apetecible. Y hay que condimentarlo mucho. Como hace bastante que prefiero no comer carne, encontré en los hongos (pino, portobellos, gírgolas) una alternativa con buena textura y sabor para agregar a risotos o armar empanadas. 
Espero que estas ideas te inspiren a probar algún ingrediente que no hayas incorporado hasta ahora, y te sientas más seguro para adentrarte en el mundo de las dietéticas y los almacenes naturales.

¡Salud!

Mica.

Wednesday, January 4, 2017

Las semanas después de las fiestas.



Nos pasa a todos: en casa quedó pan dulce, galletitas de jengibre, algunas almendras con chocolate, pionono que trajo la tía... Y sí: ¿cómo hago para volver de los desarreglos?

Lo que pasa en tu cuerpo es bastante sencillo: tu cerebro, que (en la mayor parte de los casos) está programado para tentarse con azúcar, harinas y alimentos procesados, se olvidó en estas semanas de lo bien que se sentía con alimentos saludables, y te pide más, más y más de esos que le resultan "cómodos" y que remiten a experiencias pasadas asociadas a la felicidad: las fiestas de tu infancia, la celebración en familia, y todos esos momentos en los que nos parece que está bien "permitirnos comer mal".

¿Por dónde empezamos?

Primero asegurate de tener opciones saludables pero sobre todo ricas y tentadoras. Una opción puede ser helados de frutas naturales (que podés hacer vos, congelando la fruta y procesándola con la minipimer), o también ingredientes que disfrutes incorporar en las ensaladas (como por ejemplo palta, nueces, tomates secos, aceitunas). La idea no es salir de la época festiva pensando "ahora vuelvo a comer cosas aburridas", sino tentarte con cosas ricas que además te van a dar energía.

Segundo: ¡a caminar! Acá en Argentina tenemos la suerte de estar en verano. Qué mejor que salir a la noche a dar una vuelta, volver caminando de los encuentros con amigos, y sumar ratitos de actividad física donde sea que encuentres un espacio. El metabolismo se acelera y sin darte cuenta tu cuerpo se va a ir liberando del peso extra que pudiste haber acumulado en las semanas festivas.

Un recurso muy utilizado en especial con tanto calor son las aguas saborizadas naturalmente. Es re facil. En una botella con agua ponés rodajas de frutas (por ejemplo cítricos, o sandía, o manzana...), jengibre, menta, y limón. Algunas personas también le agregan pepino. Lo dejás descansar toda la noche (o unas horas, porque lo importante es que lo hagas, no que salga perfecto), y lo tomás preferentemente frío.

  • Un tip: si congelás jengibre y ponés 4 rodajas dentro de una botella de agua, como se descongela dentro de la botella aportará sabor en solo una hora. El jengibre tiene gingerol, que es muy beneficioso para el sistema digestivo, tiene propiedades antiinflamatorias y antioxidantes. Yo me llevé mi botellita a la playa.

Finalmente: si vas a comer algo de las sobras, o todavía tenés ganas de un vaso de sidra con pan dulce, acordate de estar presente con todo tu cuerpo en el momento de comerlo. Sentate, servite, brindá, pensá por qué estás celebrando. Olé lo que vas a comer antes de comerlo. Observalo, si te aporta placer hasta le podés sacar una foto y contarle a tus amigos por qué celebrás. Pero que no sea porque "no hay otra cosa", y que tampoco sea "porque estaba ahí".

Te propongo que especialmente en estos días (que son tan comerciales) elijas cada bocado, cada alimento que va a formar parte de tu cuerpo. Las marcas industriales no están pensando en tu salud, están pensando en sus ingresos. Preguntale a la tía cuánto amor le puso al pionono: y entonces sí, disfrutalo. ¡Salud!