Monday, November 28, 2016
¿Qué te pone ansioso?
Primero que nada: no está mal sentir ansiedad. Lo que no está bueno es sentir algo que no te gusta sentir y no saber cómo hacer para salir adelante.
En lo particular soy (y antes era aún más) una persona muy ansiosa. Me suelo encontrar pensando qué va a pasar si pasa esto, qué va a pasar si no pasa lo otro, y así. Quizás por mi naturaleza de “seño”, como tengo que planificar tantas cosas por adelantado para estar un poco más allá de que “salga mal” o “salga bien” la actividad con los chicos, me acostumbré a tener en mente más posibilidades de las que están ocurriendo acá y ahora.
Pero, en realidad, no estoy en el aula todo el día ni todo el tiempo. No hace falta que controle todas las cosas que pasan en mi vida, ni que planifique mis sábados y domingos como lo hago con las jornadas del jardín. Acá te dejo algunas ideas (que intento usar cotidianamente) para acompañarte en tus momentos de ansiedad y tratarte con paciencia.
Bajá la velocidad. Todo se acelera cuando algo nos pone ansiosos. Nuestra respiración es el primer indicio: dejamos de respirar con la panza y pasamos a respirar con el pecho. Esto puede haber sido un mecanismo de supervivencia en otros tiempos, o incluso puede serlo ahora si alguien te ataca y creés que necesitás defenderte. Pero una fecha de examen no te ataca de verdad. Una reunión laboral, tampoco. Ni tampoco un amigo que hace mucho que no ves y vendrá a visitarte. Entonces, ¿por qué nos ponen ansiosos estas circunstancias? Porque nos olvidamos de que elegimos estar aquí (nadie impone ese examen en nosotros, ni ese trabajo, ni esa visita, más que nuestra propia elección de llevar adelante la vida que elegimos.) Concentrate en saber que lo que estás haciendo es tu decisión. Elegí estar en el momento presente lo mejor que puedas. Respirá desde la panza (como los bebés) y no desde el pecho.
Percibí tu entorno. La mente ansiosa bloquea algunos de los estímulos que nos rodean para concentrarnos en lo que nos genera ansiedad. Esto nos desconecta del lugar donde estamos. Podés tomarte un rato y nombrar algo que puedas sentir con cada uno de tus sentidos. Si te animás, podés nombrar más de una cosa que percibas con cada uno. Por ejemplo: ¿Qué escuchás que suene alto y qué escuchás que suene bajito en este momento? ¿Qué estás tocando? ¿Qué temperatura hace? ¿Qué otra parte de tu cuerpo está percibiendo algo con el tacto? ¿Qué olores hay cerca? Conectarte con tus sentidos te va a hacer sentir presente.
Prestá atención. Sin dejar de observar tu respiración, prestá atención a la actividad que estés haciendo como si fuera la primera vez que la hacés. De hecho, es la primera vez que la hacés de este modo: si estás comiendo una naranja, por ejemplo, es la primera vez que comés esa naranja. Es diferente a todas las anteriores. Permanecer presentes en lo que elegimos hacer nos recuerda que somos responsables y tenemos control sobre nuestras decisiones. Sí, hay cosas que no podemos modificar. Pero podemos cambiar nuestra percepción de ellas.
Pensá en positivo. ¿Por qué sentís ansiedad? ¿Es por algo que no pasó, es por algo que creés que va a pasar? Si creés que va a pasar, recordá que no tiene por qué pasar. Me pasa muchísimas veces que me imagino el peor desenlace. Entonces, me llamo a mí misma a inmediatamente después imaginarme el mejor desenlace. ¿Con qué pensamiento me siento más cómoda? Si no está en mis manos hacer nada para modificar el desenlace (por ejemplo, si estoy preocupada de que alguien haya llegado o no a destino después de un viaje largo), lo único que puedo modificar es cómo me siento en esos segundos de imaginarme qué estará pasando. Entonces elijo para mí misma pensamientos positivos, que me acompañen con calma y buena predisposición. Si llega a ocurrir el desenlace negativo, sabré qué hacer al encontrarme en un estado de relajación distinto del que tendría si me hubiese puesto ansiosa.
Cambiá de posición. Si podés, acostate y mirá al cielo un rato. Si podés, además, levantá las piernas. Si estás en un lugar techado, podés acostarte con las piernas hacia arriba y simplemente observar tu respiración. Mirar las nubes o las estrellas nos permite acercarnos en forma natural a esas cosas que están tanto más allá de nuestras decisiones conscientes que nunca nos preocupamos por controlar, como el clima. Te pone en perspectiva. ¿Por qué a veces nos confundimos y pensamos que vamos a poder controlar el tiempo, o lo que hacen otras personas, o más aún: lo que sienten otras personas? Acompañate para ser paciente sobre las cosas que no podés cambiar. ¿Cómo te sentís cuando estás impaciente? Por el contrario, con paciencia vas a poder ver con mayor claridad aquello que sí podés hacer para estar mejor. La paciencia es el camino a sentirte libre.
Dejá la crítica. Además de ponernos ansiosos en relación a desenlaces que no podemos controlar, nos enojamos si algo nos sale mal, o nos molesta que no se nos haya ocurrido algo que hubiese impedido el desenlace desagradable. ¿De qué nos sirve juzgarnos? ¿Te hace sentir más o menos ansioso enojarte con vos mismo por no haber sabido resolver de otro modo? Intentá interrumpir este tipo de pensamientos. No es fácil, porque muchos aprendimos a criticar nuestras elecciones pasadas como si pudiéramos modificarlas en lugar de aprender de ellas: “¡no tendría que haber dicho esto!” “¡No tendría que haber ido!” Observá y, si querés, anotá, qué cosas podés hacer la próxima vez. En lugar de decir “¡Tendría que haberme fijado!”, decí “Es importante corroborar la hora del evento al que tengo que asistir el día anterior.” Podés ser más compasivo con tu propio aprendizaje. Pocas veces sabemos cómo resolver antes de equivocarnos.
Hacé algo productivo. Si estás ansioso por algo que te genera expectativas positivas (como un recital, un encuentro, tu cumpleaños…) podés buscar formas de que esa ansiedad se convierta en algo positivo. ¡Bailá! ¡Saltá! A mí me encanta ordenar sectores de mi casa. Cuando algo va a pasar y me pone tan contenta que vuelvo y vuelvo a imaginarme ese evento futuro en lugar de dedicarme a escribir, meditar o leer, elijo algún rincón que necesite ver ordenado y así puedo pensar en lo que va a ocurrir, fantasear positivamente al respecto. Mientras tanto no dejo que la ansiedad me impida hacer algo importante para mí, sino que la uso para algo que me beneficia. Y ordenar físicamente algo, también me ordena los pensamientos.
Te propongo que la próxima vez que sientas ansiedad uses alguna de estas ideas para sentirte mejor. ¿Cómo te sentiste?
Subscribe to:
Post Comments (Atom)
No comments:
Post a Comment