Tuesday, November 22, 2016

Estrategias para elegir

Los ingredientes con los que un plato está elaborado, el estado en el que nos encontramos mentalmente al momento de comer y el contexto social en el que vamos a hacerlo influyen a veces más, a veces menos, en nuestras elecciones cotidianas.

Si querés elegir con mayor conciencia, es importante que puedas tener en cuenta estos factores, para anticiparte y abordarlos antes de no saber qué hacer. Sí, las tentaciones van a estar, pero: ¿por qué tengo ganas de esto? Con práctica es posible contestarse con honestidad y, entonces, decidir si seguir ese impulso o hacer una elección más saludable.

Desde lo físico.
  • Tomate el tiempo para respirar antes de comer, y conectarte con lo que estás por hacer. Pensá cómo fue el proceso de elaboración, cómo sería esto en su estado natural, si esto estaba o no en la naturaleza. 
  • Si sos un poco chef y no elaboraste lo que vas a comer, podés hasta pensar qué ingredientes usarías para hacer uno igual o parecido. 
  • Preguntate: ¿Comerías esto en cualquier momento del día? ¿Cómo creés que te vas a sentir después de comerlo, y cómo querés sentirte? 
Desde lo psicológico.
  • ¡Tentate con salud! Armá un menú lindo con algo saludable que sepas hacer. Ponelo a la vista y cuando empieces a pensar qué querés comer ese día, dale una leída. Si podés incluir fotos, mejor. Así, tu inspiración para cocinar no saldrá solamente de las publicidades que puedas haber visto, sino de lo que ya sabés que además te hace bien. 
  • Registrá cómo te sentís después de consumir algo muy promocionado pero que te hizo mal. Recordá eso que sentiste en el momento de volver a considerar consumirlo. También registrá cómo te sentís después de comer algo saludable. Escribilo como si fuera una publicidad, promocionando ese alimento mediante los beneficios que experimentaste. 
  • Intentemos que las cosas que nos hacen bien ganen visibilidad en nuestras vidas para que estén presentes a la hora de considerar opciones: en lugar de dejar todo en la heladera, poné a la vista frutas o verduras que te recuerden que están ahí. 
Desde lo social.
  • Animate a cocinar y llevar algo para compartir a una fiesta. Muchas veces pasa que pensamos que no va a gustar, o que nos van a mirar raro. Hay algunas opciones saludables (sobre todo las dulces) que se parecen visualmente a otras que ya conocemos. Por ejemplo, si hacés unas trufas crudas podés convidarlas en una fiesta sin que nadie se entere de qué son hasta no probarlas. ¡Lo más probable es que sorprendas a más de uno! 
  • Pedí que no te traigan panera, o llevate el pan para más tarde. Sí, a mí muchas veces se me complicaba decir que no la traigan, o porque el mozo ya la había traído o porque me olvidaba. Mi solución fue guardar el pan (si me tentaba) y decidir después si lo quería o no. La mayor parte de las veces, una vez que comí el plato que yo elegí ya estoy llena y el pan perdió toda relevancia. 
  • Prepará bolsitas de snacks saludables. Yo suelo mezclar frutas secas (y en invierno también pedacitos de cacao amargo) en distintas proporciones y tener varias bolsitas ziplock a mano para cada día de la semana. Entonces directamente antes de irme agarro el “pack de nutrientes” y tengo algo tentador (visual y gustativamente) que además me aporta energía real.

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