Friday, October 14, 2016

¿Cómo elegimos lo que comemos?

Algunas personas se dejan llevar por lo que tengan ganas en el momento de tener hambre, y elegir qué comer les toma nada más que unos minutos antes de ponerse a cocinar. Otras, prefieren adelantarse y cocinar un día de la semana para después comer algo de lo que ya está hecho. Otras, como yo, pensamos en la comida varias veces durante el día hasta que damos justo con lo que tenemos ganas de comer.

Es que el hambre pasa por muchos lados. Desde lo visual: colores y formas. Desde lo táctil: crujiente, blando, caliente, frío, con tenedor o con la mano, en un bowl o en un plato. Desde lo situacional: sola, con amigos, con pareja, mirando una peli o en el balcón. Y también desde la consciencia: ¿qué estaría necesitando mi cuerpo? Nutrientes, emociones y deseos se mezclan y, hasta que no doy con la combinación exacta, no suelo conformarme.

Desde lo biológico.
¿Por qué galletitas en vez de fruta? Si alguna vez probaste dejar de comer harinas y azúcares por diez días o más, probablemente sepas que los primeros tres o cuatro días suelen ser más complicados, y después, a medida que tu cuerpo se va acostumbrando, deja de ser tan difícil.
La mayor parte de las galletitas industriales, por ejemplo, contienen agregados como azúcar, grasas, sal y resaltadores del sabor a los que nos fuimos acostumbrando. Estos ingredientes generan respuestas químicas cerebrales similares a las reacciones de sustancias adictivas y, de la misma manera, no nos damos cuenta de nuestra adicción hasta que intentamos dejarlos.
Por otro lado, gran parte de los alimentos procesados carece de fibra y proteína suficiente como para hacernos sentir satisfechos. ¿Nunca te pareció que las galletitas de un paquete estaban atadas entre sí? ¿Te resulta fácil dejar un paquete de papas fritas sin terminar?

Desde lo psicológico.
Más allá de las cuestiones físicas, están las campañas de publicidad que asocian el producto que intentan promocionar con emociones placenteras como encuentro o felicidad. Últimamente, también aparecen “desafíos” a consumir el producto, o incluso a “intentar dejarlo”.
Desde mi trabajo con niños veo constantemente cómo la imagen de algún personaje de dibujo animado en un paquete de algo comestible hace que ese paquete parezca más rico que otro igual pero que no tiene el dibujo.
La disponibilidad de comida constante (en los cines, teatros, shoppings, kioscos, librerías, locutorios, puestos en las calles, y hasta farmacias) hace que sea difícil pensar en otra cosa, o incluso no tentarse a comprar algo solo porque uno lo vio en un cartel del Subte. ¿Alguna vez notaste que en casi todas las esquinas de las góndolas de supermercado hay colgando dos o tres comestibles tentadores?
Todas estas cosas, por empezar, nos distraen de la verdadera decisión: ¿qué necesitan mi cuerpo, mente y espíritu? Si no escucho lo que realmente necesito, posiblemente no pueda brindármelo y nunca termine de llenarme.

Desde lo social.
A veces la practicidad del paquete de papas nos salva de tener que ponernos a preparar o buscar lo que realmente queremos comer. O, como no hay nada saludable en la mochila, compramos algo del kiosco que tampoco nos convence para picar en el trabajo.
Otra cosa que me pasó mucho es que en la mayor parte de los restaurantes te traen la panera sin preguntar, y te ofrecen (y a veces hasta insisten) el postre.
La mayoría de bares y cafés no suelen tener opciones realmente diferentes, sino que son distintas combinaciones de los mismos ingredientes (huevo, harina y lácteo). Y, si hay otras opciones, suelen ser las más caras. Ningún bar te permite comer una fruta comprada en la verdulería en una de las mesas mientras hacés tiempo: necesitás comprar algo de lo que ofrecen.

Algo que varias personas ya me preguntaron es: ¿cómo hago cuando voy a una fiesta? Todos están tomando y vos no querés tomar… O en todas las reuniones hay galletitas, facturas, snacks o helado… Se nos confunden las ganas de ingerir o no ingerir algo con las ganas (muy válidas también) de participar, incluirnos y sentirnos parte del grupo, o incluso con las pocas ganas de dar explicaciones por lo que elegimos.

Como podés ver, somos vulnerables a todas estas variables, y sólo concentrándonos en nuestro sentir (y por qué no, permitiéndonos equivocarnos y abrazando esas experiencias), podremos saber qué es realmente bueno para nosotros en cadas momento. Te invito a percibir estos factores y descubrir por qué elegiste lo que está en tu plato.

Friday, July 15, 2016

Ser feliz a propósito


¿Qué te hace feliz? Lo más probable es que pienses en alguna situación, momento específico, recuerdos, personas o animales queridos:

(cómo siento la felicidad)

Hoy vengo a decirte que son hormonas y neurotransmisores. Lo que verdaderamente ocurre en tu cerebro es que las moléculas de miosina llevan bolas de endorfina hacia la parte interna de la corteza parietal del cerebro, lo cual produce sensaciones de felicidad. 

(así se ve verdaderamente)

Quiero darte una buena noticia: incluso cuando las circunstancias alrededor son desfavorables, podés tomar dos o tres medidas para liberar estos químicos en tu cerebro de forma natural. Quizás no puedas cambiar lo que ocurre afuera, pero sí podés darle a tu cerebro un impulso para sentirse bien. 

Endorfinas 
Las endorfinas (sustancias endógenas similares a la morfina) son un producto del sistema nervioso central para ayudarnos a llevar adelante el dolor físico. Se las relaciona con el buen humor y una sensación de bienestar general. 
Después de hacer ejercicio, sobre todo cuando implica resistencia y un poco más de esfuerzo del que estamos acostumbrados, el cuerpo libera endorfinas para que puedas aguantar un poco más. Estas endorfinas son las que, en el cerebro, generan esa sensación de bienestar y colaboran con superar también el dolor emocional. 

¿Qué podés hacer? La próxima vez que te moleste lo que alguien dijo, antes de enojarte, probá caminar energéticamente durante diez minutos. Vas a poder ver el problema desde otra perspectiva.

Serotonina
Quizás la serotonina sea uno de los neurotransmisores más nombrados en relación a la felicidad. Por ejemplo, está incorporado en antidepresivos. Se produce en el cuerpo a partir del triptófano, que se encuentra en varios alimentos. No se puede garantizar que los alimentos que contienen triptófano ayuden a efectivamente convertirlo en serotonina—siempre es importante comer alimentos “reales” y que el cuerpo se ocupe de absorber los nutrientes que necesita.

¿Qué podés hacer? Algunos estudios detectan un incremento de la serotonina después de ingerir carbohidratos saludables (lo cual explica en parte las sensaciones que muchos experimentamos después de comerlos). El chocolate, el huevo, el sésamo, el alga espirulina y las bananas, entre otros, son alimentos ricos en triptófano, aunque no está tan comprobada su absorción. Otro modo de incrementar la serotonina es exponernos a la luz del sol y salir al aire libre.

Dopamina
La dopamina es el neurotransmisor que se siente como el “premio”. Cuando hacés un gol, tenés una buena idea o completás algo que te propusiste, tu cerebro se llena de dopamina. Nos ayuda a esforzarnos, prometiéndonos la sensación placentera al final del logro.
Sin embargo, si constantemente veces pensamos que vamos a lograr algo y no ocurre como lo esperamos, nos vamos acostumbrando a la frustración y cada vez es menos probable percibir el aumento de dopamina

¿Qué podés hacer? Así como podés evaluar a qué amigo pedirle qué cosa, no te pidas algo que sabés que no vas a cumplir. Proponete metas alcanzables. Pensá a corto plazo, honestamente y adaptándote a tus posibilidades. Escribí tus metas y registrá y premiá tus logros registrando cómo tu cerebro festeja.
Hacer trabajo voluntario (y sentirse realizado en la felicidad del otro) también incrementa la dopamina.

Oxitocina
La oxitocina se produce en abundancia durante el embarazo y la lactancia. Como tal, está asociada principalmente con el contacto amoroso y las relaciones cercanas. Cuando las personas nos sentimos cómodas, en confianza y positivas en relación a los vínculos es porque hay oxitocina circulando en el cerebro. Genera empatía y bienestar.

¿Qué podés hacer? Naturalmente se libera con el contacto físico (abrazarse, mimarse o darse un masaje). Es la hormona que abunda en los primeros seis meses de una relación amorosa. Por suerte, también cuenta pasar tiempo mimando a las mascotas. Ojo: mucho estrés bloquea la producción de oxitocina.

No es tarea fácil estar feliz todo el tiempo, pero tampoco es lo que te pido. Si podés modificar algo en tu interior para ver algo positivo de lo que ocurre a tu alrededor, entonces vas a estar más fuerte para aceptar lo que no podés cambiar.

Estrategias accesibles:
  • Entre 20 y 40 minutos de ejercicio (puede ser caminata energética) 
  • Dale un abrazo a alguien que querés (¡puede ser una mascota!) 
  • Salí al aire libre (y si querés, además, caminá) por una hora. 
  • Dale un regalo a alguien (sin esperar nada a cambio). 
  • Siempre acordate de acompañarte eligiendo tus alimentos a consciencia, escuchando y respetando tu cuerpo. 

¡Y a ser feliz!